La economía creativa, ¿instrumento para el fomento del desarrollo local y la innovación territorial?

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La economía creativa, ¿instrumento para el fomento del desarrollo local y la innovación territorial?

El término “economía creativa” fue popularizado en 2001 por el escritor y gestor de medios de comunicación británico John Howkins, que lo aplicó a 15 industrias que iban desde las artes hasta la ciencia y la tecnología. Según los cálculos de Howkins, en el año 2000 la economía creativa tenía un valor de 2.2 billones de dólares a nivel mundial y crecía a un ritmo del 5% anual. La noción era, y sigue siendo, muy amplia, porque no sólo abarca bienes y servicios culturales, sino también juguetes y juegos, así como todo el ámbito de “investigación y desarrollo” (I+D): […] también se ocupa de manifestaciones creativas en ámbitos que no serían contemplados como “culturales” […]. Un influyente impulso a nivel internacional fue el trabajo de Richard Florida (2009), que reflexionó sobre la “clase creativa” que las ciudades necesitaban atraer con el fin de garantizar un desarrollo exitoso. En este contexto, planteaba la necesidad de reforzar aspectos como la formación y el talento local, así como la materia prima de la futura revolución del conocimiento, entendida como fuente de desarrollo.

 

Desde la Geografía Humana, autores como Ricardo Méndez o Inmaculada Caravaca (2012) han aplicado el concepto en ciudades españolas para ver sus efectos reales […]. En efecto, las áreas urbanas de la Unión Europea se enfrentan al reto de elevar su capacidad competitiva y su sostenibilidad para hacer frente a las consecuencias derivadas de la crisis económica […]. Cobra así creciente importancia la identificación de actividades estratégicas, resistentes a la deslocalización y adaptadas tanto a su trayectoria como a la disponibilidad de recursos específicos […]. En una primera parte, aceptar el concepto de economía del conocimiento como aquella  […] donde los recursos intangibles son pieza esencial para generar valor añadido. Por otra parte, entendiendo la creatividad como capacidad de aportar respuestas nuevas y más eficaces frente a los retos a que se enfrentan individuos, sociedades o territorios […]

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La importancia relativa de las industrias creativas como generadoras de empleo es aún muy modesta. Los datos de Eurostat correspondientes a 2009 situaban su presencia en torno al 4,4% del empleo total dentro de la Unión Europea […]. En ese contexto, España ocupaba una posición intermedia, ligeramente por debajo del promedio (3,8% del empleo total),  y a mayor distancia de quienes siguen ocupando las primeras posiciones (Finlandia: 6,2%; Suecia: 5,9%; Dinamarca: 5,7%), […]. Por tanto  las industrias culturales y creativas (ICC) son un sector estratégico por su potencial para crear empleo, innovar, reaccionar rápidamente a las necesidades del mercado, movilizar inversión y estimular la economía […]: la Comisión Europea sigue cifrando la contribución de las ICC a la producción y el empleo en un 4,2% del PIB del conjunto de la UE y les atribuye más de 7 millones de puestos de trabajo, un 3,3% del total del empleo europeo. En este sentido, se cifra la contribución de las ICC en España como responsables del 3,5% del PIB. Un 3,5% del total de las empresas del país se enmarcan en las ICC (107.922 empresas): Madrid (22,4%), Cataluña (20,2%) y Andalucía (12,7%).

En un momento en que los destinos urbanos, deben competir, ofreciendo a sus visitantes propuestas cada vez más singulares, las experiencias vinculadas a industrias creativas, pueden encontrar su oportunidad en el contexto del turismo cultural y creativo […]. Esta modalidad turística, como nueva tendencia que combina diferentes formas de cultura, supera la antigua división entre “alta” cultura tradicional (como museos, monumentos, ópera y galerías de arte) y cultura “popular” (como la música pop, el deporte, etc). Por tanto, el turismo creativo significa fomentar la participación e interactividad del turista que suele desear ser viajero o sentirse local.

 

Hay que citar, por último, la estructura creada en 2004 por parte de la UNESCO bajo el nombre de “Red de Ciudades Creativas”, que “representa un potencial enorme para recalcar el valor de la cultura como acelerador del desarrollo sostenible,  […] cuya vocación es estimular la cooperación internacional entre las ciudades miembros para hacer de la creatividad un motor de desarrollo urbano sostenible, de integración social y de vida cultural”. Las 116 ciudades del mundo provenientes de 54 países que forman parte de la Red, trabajan juntas para alcanzar un objetivo común: posicionar la creatividad y las industrias culturales en sus planes de desarrollo a nivel local y cooperar activamente a nivel internacional. La Red cubre siete campos creativos: Artesanía y Arte Popular, Diseño, Cine, Gastronomía, Literatura, Arte digital y Música. En este sentido hay que indicar que Denia (gastronomía), Barcelona (literatura) y Burgos (gastronomía) pasaron hace unos años a engrosar esta lista en la que ya se contaban otras tres localidades españolas: Granada en la categoría literaria, Sevilla en la musical y Bilbao en la de diseño.

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